Gabriela ha perdido una bicicleta. Vive en una buhardilla, en el cuarto piso del portal de mi novio y, aunque no podía verse desde la calle, ya que estaba aparcada en un recodo de la escalera, y tenía una buena cadena, alguien la ha roto y se la ha llevado. Dice que la bicicleta no es especialmente cara o nueva, pero que le tenía muchísimo apego.
Y yo todo esto lo sé porque ha puesto un gracioso anuncio para ver si algún vecino ha visto cualquier comportamiento “sospechoso” o sabe algo de ella. Gracioso ya que, a pesar del disgusto de no tener ya consigo ese objeto tan preciado, Gabriela se ha tomado unos instantes para poner el título de otro color, subrayar algunos detalles, e incluso dibujar una pequeña bicicletita en una esquina del papel.
Debe ser una de esas pocas personas en Madrid que no van con demasiada prisa. De las que aún puede tomarse cinco minutos para hacer algo que le divierte o que necesita, poniendo el ello un poquito de esmero y amor, haciéndolo personal. A mí por ejemplo, su cartelito me ha hecho sonreír y también ponerme algo triste y ahora ya sé que la bicicleta de la chica que vive en una de las buhardillas era algo más que un trasto de metal para desplazarse, aunque nunca las haya visto a ninguna de las dos.
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